Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón

Órgano del Círculo Tradicionalista General Carlos Calderón leal a S.A.R. el Duque de Aranjuez Don Sixto Enrique de Borbón y al ideario católico-monárquico.
DIOS-PATRIA-REY

viernes, 30 de diciembre de 2016

Arte, tradición y artesanía



El problema principal del arte moderno es que es incapaz de crear ninguna tradición pictórica, es decir, ningún movimiento pictórico desde el siglo XVIII ha sido capaz de perdurar a largo plazo. En contraste con los longevos estilos artísticos anteriores, como el románico (S.X-XII, 400 años) o el gótico (S.XII-XVI, 600 años), los nuevos estilos no han tenido una existencia demasiado larga. Aunque esta situación se inicia masivamente con la Ilustración, tiene sus primeros antecedentes en el Renacimiento, cuando surge el racionalismo primigenio y la idea del artista como genio original. El racionalismo intenta ejercer una gran simplificación de la realidad, que por su naturaleza es sumamente compleja, y a partir de esas teorías los racionalistas intentan inconscientemente cambiar la realidad para “mejorarla”, sustituyendo en cierto sentido a Dios por el hombre (curiosamente, la esencia del liberalismo). De esta forma, el artista como genio intentará, conforme esta tendencia avance, controlar el arte. 

En el siglo XVIII, esta idea se extiende masivamente y los artistas van abandonando los antiguos talleres dónde aprendían bajo la dirección de sus maestros, como fuera el caso de Da Vinci o Miguel Ángel, en beneficio de las nuevas Academias, y abandonarían el trabajo en grupo (Velázquez y Rubens realizaban cuadros en colaboración con sus discípulos) para pasar al trabajo individual; progresivamente abandonarían su función de artesanos —es decir, una suerte de comerciantes de obras propias de gran calidad— y se volverían cada vez más independientes, aunque todavía hoy no dejan de realizar encargos. Tras el siglo XVIII, ningún movimiento lograría alcanzar el siglo y medio de existencia y a partir del siglo XIX, el límite se reduce un siglo, no siendo capaz ningún movimiento de alcanzarlo. 

En el siglo XIX, en el campo de la historiografía, se inicia la división de la historia en etapas uniformes y muy diferenciadas entre sí. Los nombres de estas etapas de la Historia del Arte tal y cómo las conocemos (románico, gótico, barroco…) se establecen en este siglo. Los nuevos artistas entran en contacto con esta terminología y empiezan a tomar conciencia de que si la historia está compuesta de etapas dramáticamente opuestas entre sí, ellos también deberían estar en una etapa histórica; por lo tanto, para rebelarse contra ésta o sus características deberán crear una nueva etapa drásticamente opuesta a la anterior. La principal innovación de este siglo es que los nombres historiográficos de los estilos artísticos son contemporáneos a los propios estilos artísticos. 

De esta forma se suceden los estilos pictóricos y a finales del siglo XIX, cuando se ha dejado atrás la concepciones idealista y realista de la realidad, los artistas, para ser originales y romper con los estilos anteriores, inician un alejamiento leve pero progresivo de la realidad y empiezan a aparecer obras que, como el Cristo amarillo de Paul Gauguin, los no versados en historia del arte no tendrían reparos en calificarlas abiertamente como feas.

En la primera mitad del siglo XX, se multiplican masivamente los movimientos artísticos, que se abrían con manifiestos que otorgaban un nombre al movimiento y definían sus características o intenciones. Muchos de estos no duraban más que semanas o incluso días. En la segunda mitad del XX el arte rompe definitivamente con las masas, la realidad y la estética y empezó a volverse más y más estrafalario, adoptando su forma actual. Esta rápida sucesión de estilos artísticos ha ocasionado que los artistas tengan la sensación de que todo lo que se podía hacer ya está hecho y que la única forma de hacer algo original es mediante obras excéntricas y, de vez en cuando, polémicas. Se produce, en resumen, un agotamiento de la creatividad artística.

Para que el arte se recupere, es preciso que el artista deje de intentar controlar el arte y vuelva a ser un artesano cuyo principal objetivo sea la producción de obras de calidad, bien subordinada a un compromiso o a la propia supervivencia. El artesano debe educarse en el taller, no en una academia, y debe de carecer de una idiosincrasia como artista, actuando en el presente de forma casi inconsciente. Con ello el artista volverá a integrarse dentro del arte y de la historia. El resto, la formación de escuela y la transmisión del estilo a discípulos, su conservación y su auto-transformación, se realizará de forma automática e intuitiva, por lo que el artista podrá volver a participar en una tradición duradera. 

Como ejemplo práctico tenemos a Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, cuyas obras de le han cosechado críticas muy positivas y una popularidad notable entre la gente corriente. Ferrer-Dalmau es un autodidacta, no se adhiere a un movimiento específico, realiza encargos y está comprometido con la historia de España. Él mismo afirma que su estilo no entra dentro de la filosofía de la Real Academia de Bellas Artes. Sin embargo, al ser autodidacta no sabe cómo enseñar y eso, a corto plazo, le impedirá crear una tradición. A medio y a largo plazo, lo que suceda a continuación es una incógnita. Quizás nuevos artistas quieran seguir su ejemplo, volviéndose autodidactas y rompiendo con el arte moderno; quizás con el tiempo Dalmau acabe trabajando con otros artistas, que se convertirían en aprendices de facto, quizás sus hijos sigan su camino y trabajen con él (a fin de cuentas, es el mecanismo primitivo de transmisión de una tradición) o puede no suceder nada de lo anterior, y que se convierta en uno de los artistas que romperán con el arte contemporáneo, pero sin crear una tradición nueva, honor que a lo mejor le corresponde a otro.
 
Augusto Ferrer Dalmau pintando "Rocroi. El último tercio", una de sus obras más conocidas.

martes, 27 de diciembre de 2016

Luis Hernando de Larramendi

Con motivo del quincuagésimo noveno aniversario de la muerte de don Luis Hernando de Larramendi, reproducimos la breve reseña biográfica de la Enciclopedia Espasa  (con las debidas reservas, por ejemplo la referencia a «la juventud derechista») de esta figura destacada en la historia del tradicionalismo español.



Político, abogado y publicista español, n. en 1882 y m. en Madrid el 27 de diciembre de 1957. Acérrimo carlista, pasó de presidente de las juventudes de su partido en Madrid a ser uno de los más apreciados elementos de la llamada Casa de los Tradicionalistas y uno de los puntales del semanario Alerta, cuya intransigente postura política se manifestaba en su lema «Antes morir que prevaricar».

Conoció una intensa vida pública al servicio del ideario carlista, que reconoció el propio Don Jaime de Borbón, quien le nombró su secretario general político en España.

Como escritor siguió una línea paralela con su actuación política. Buscó una interpretación moderna del tradicionalismo monárquico, pretendiendo atraer a los neutros y, por otra parte, instruir a los adeptos del partido, entonces gravemente desorientados ante la marea incontenible del liberalismo.

No hubo en su tiempo, prácticamente, mitin contra Canalejas, el pensamiento libre o la escuela laica en que no se oyera su voz, dispuesta siempre a aleccionar a la juventud derechista.

Como periodista, entre los años 1932 y 1935 dirigió y costeó la revista Criterio, colaborando también asiduamente en periódicos de su misma orientación ideológica, tales como El Correo Catalán, El Pensamiento Navarro y Reacción.

Entre otras obras escribió Papá ministro, Guía sociológica de aspirantes al matrimonio, La salud de la causa, En la avanzada y Cristiandad, tradición y realeza.


* Tomado de la Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana (Espasa-Calpe), suplemento 1957-58, p. 233.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Navidad

Felicitación navideña de la Agencia Faro, a la que encarecemos a todos nuestros lectores a
suscribirse, enviando simplemente un correo electrónico a: faroagencia-subscribe@yahoogroups.com

¡Navidad! es decir ¡el nacimiento de la alegría, del amor, de la luz, de la fe! el nacimiento del Hombre Dios, es decir, de lo más grande y hermoso que puede concebir la humana imaginación: he aquí lo que simboliza el 25 de diciembre.

¿Por qué el rey del cielo envió a su hijo a nacer en un pesebre, y le envió en lo más crudo y riguroso del invierno?

Para enseñarnos la paciencia, la humildad, la mansedumbre, el amor a la pobreza y el desprendimiento de todos los bienes de la vida.

Jesús, que es la suma belleza, la suma sabiduría, la fuente de toda riqueza, el hijo y único amado del dispensador de todas las grandezas quiso venir al mundo, pobre, humilde, que tiene por habitación un desvencijado portal, por cuna un duro pesebre, por madre a una Virgen que le mece sobre sus rodillas, le toca con sus labios y le arrulla con su canto. Desde este momento histórico el cielo baja a la tierra. Ese Niño cifra toda su felicidad en nuestra felicidad. Y si Adán obedeciendo al espíritu de las tinieblas, separó de Dios al mundo, Él, obedeciendo libre y amorosamente al Espíritu de la luz, unirá al hombre con Dios, salvará al mundo perdido por Adán y establecerá la serie de las gracias y de las virtudes contra la serie de crímenes abierta con el pecado original.

¡Oh divino Jesús, con cuánta razón podemos repetir con el Apóstol: Donde había abundado el pecado ha superabundado la gracia! Eres ya nuestro hermano, Tu Madre es la nuestra, nuestra patria tu cielo, tu gloria nuestra gloria. Ante tu cuna se han formado dos razas de hombres, la raza de los que te aceptan y la raza de los que no te quieren; la raza del pecado de Adán y la raza de tu reparación; y mientras los primeros, buscando la deificación de la razón, caen en el más abyecto y miserable servilismo, los segundos, sujetando su razón al argumento de tus gracias, se explayan apacible y libremente por las riveras de tu luz y de tu amor.

Por esto cantaban alborozados los ángeles en el día de tu nacimiento:

Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.

Por esto el mundo no necesita ya, en frase del Apóstol de las grandes concepciones, sol ni luna; porque la claridad de Dios lo ilumina, su antorcha es el Cordero.

LA VERDAD (Granada, 21 de diciembre de 1907)

lunes, 19 de diciembre de 2016

La Tradición nos salvará

Figura alegórica de la España,
gran cuadro al óleo por Ermolao Paoletti

Lo dije ayer y lo repito hoy.

Sí; cuando el movimiento, llamado liberal, era en el fondo solamente el despotismo; cuando en vez de proclamar la libertad de la Iglesia, de las Regiones y de las Cortes representativas, implantaba el absorbente y caprichoso centralismo y dividía la nación en provincias antinaturales, esclavizaba y perseguía a la Religión y al Clero, e impedía a las clases y organismos sociales su legitima y acostumbrada representación e influencia en las Cortes y en la cosa pública; cuando, en fin, se trataba de implantar un régimen político extranjero, impío y herético —y, por tanto, tiránico; antimonárquico, pues que anula el oficio real; antiespañol, antipopular, sólo conveniente para satisfacer las concupiscencias de los partidos y para crear ambiciones y vanidades personales—, entonces, el pueblo español, amante de sus leyes propias, de su verdadera y orgánica libertad, de su Fe, de sus Fueros venerados, de sus Reyes de verdad con autoridad y responsabilidad, se opuso a la intromisión del régimen liberal y parlamentarista, que venía a matar la genuina democracia de la nación hispana.

Y esta posición que el Jaimismo tradicional sostiene, hoy como ayer, en contra del régimen parlamentarista liberal, tiene derecho al aplauso público, por lo mismo que nadie lo combatió tanto ni tan penosamente, y porque nadie representa y defiende tan pura y radicalmente el régimen tradicional, religioso, monárquico y fuerista.

La Dictadura, que, se decía destinada a destruir el régimen funesto liberal, encontró en sus comienzos el aplauso y la adhesión del pueblo español, que es antiliberal por convicción y por experiencia; pero, contagiada e ilógica, cayó en los mismos vicios y doctrinarismos que pretendió arrancar, fracasando ante la conciencia pública, de la que se alejó.

Esta conciencia pública española, cató­lico-monárquica, mas también amante de sus instituciones populares que, hoy como ayer, reclama la implantación total de su tradicional régimen monárquico fuerista, para la subsistencia y bienestar común de la Patria y de la Monarquía.

Inútil será la propaganda espectacular; ineficaces, todos los agitados trabajos de los partidos... Hablen los jefes y jefecillos; proclámense uniones y organizaciones; créense nuevas agrupaciones con programas máximos o mínimos... ¡Todo será infructuoso, si en contra de la interior y secular espiritualidad política española, se esfuerzan unos y otras en sostener un régimen absurdo y funesto que, lógicamente, tiene que parar en la anarquía o en el despotismo!

¡La Tradición —sólo la Tradición— puede salvar a España!...

JOSÉ SOBRÓN

José Sobrón


EL CRUZADO ESPAÑOL, órgano de la Comunión católico-monárquica (partido jaimista) en Castilla la Nueva (Madrid, 6 de junio de 1930)

viernes, 2 de diciembre de 2016

Partitocracia




La partitocracia es un sistema de gobierno en el que el poder es controlado de facto por los partidos políticos, oligarquías políticas enfrentadas continuamente por el poder. El calificativo de oligarquía no es gratuito pues un partido político grande necesita propaganda, expertos en marketing, economía y en estadísticas, y todo ello requiere tres cosas: dinero, dinero y dinero. Aquel partido que pueda costearse propaganda continua, infraestructuras (sedes, lugares de reunión o de mítines...) y los sueldos de sus expertos e integrantes tendrá una posibilidad de acceder al gobierno.

Los partidos políticos emplean el sistema electoral vigente como medio de legitimización mediante la elección democrática y de este modo gobiernan de un modo tan absoluto y despótico con el que ni tiranos griegos, ni los déspotas ilustrados ni siquiera los dictadores de la centuria pasada llegaron jamás ni siquiera a soñar. Estos poderosísimos sátrapas pueden cambiar a su capricho leyes y constituciones, la identidad nacional de un país, la configuración de su sociedad y la propia manera de pensar de sus súbditos. El mecanismo de en que los partitócratas basan su poder omnímodo es el sistema electoral, una estadística, casi un sondeo que hace elegir el partido que prefieren. He aquí el engaño.

Se trata de representaciones gráficas del análisis de un fenómeno, pero sí se representa una gráfica sola, ésta no significa absolutamente nada, o incluso peor: es una verdad a medias, incluso peor que una mentira abierta. Los estadistas honrados son conscientes de que a la hora de realizar estadísticas de fenómenos sociológicos, económicos, biológicos, etc., hay que tener en cuenta múltiples condicionantes, comparar numerosas gráficas y estadísticas, analizar hasta el detalle aparentemente más irrelevante, porque absolutamente todo tiene que ver un fenómeno. En terminología geográfica, a este principio se le llama principio de interrelación. En cambio, las estadísticas que se presentan omiten datos y al final se obtienen las conclusiones a las que el que elabora las estadísticas quería llegar deliberadamente. Lo mismo sucede con el sistema electoral.

Ofrece muchas opciones entre las que elegir, muy distintas entre sí, pero esos resultados se pueden interpretar de múltiples formas. Unas elecciones en las que sólo ha participado la mitad del censo, ¿cómo se interpretan? Aunque un partido tuviera el 100% de los votos de los que han participado, aún le faltaría el voto de la otra mitad del censo y se vería impedido para gobernar; si se vota a un determinado partido, las razones de los distintos individuos se pueden interpretar de mil maneras distintas: el grupo A porque no quiere que salga el otro partido; el grupo B concuerda ideológicamente con su elección; el grupo C concuerda con los métodos de gobierno; el grupo D está a favor del programa económico pero no del programa educativo, etc., etc.

Abstenciones, votos en blanco, razones varias para el voto… ¿cómo se interpretan a la hora de conceder la legitimidad a un partido para gobernar? La respuesta es simple: no se tienen en cuenta porque no interesan. El objetivo es que gobierne un partido, no que se gobierne conforme a la voluntad de la nación soberana(mente estúpida). A veces incluso la lectura más obvia es reinterpretada por los partidos, de forma que incluso el que obviamente ha resultado vencedor según la encuesta puede no ser el que gobierna, porque partidos derrotados en las urnas suman los votos de las estadísticas, como fueran simples números en una calculadora o en una hoja de papel, sin consultar a los votantes, y desbancan al vencedor. De esta forma, una vez concluida las elecciones, la decisión soberana radica en los partidos. Podríamos decir que la democracia es como los años bisiestos: sucede una vez cada cuatro años.

Pero incluso sin sumar, los partidos políticos interpretan a placer. Durante la etapa sin gobierno, probablemente la etapa más feliz de nuestra historia reciente, que se dio tras las elecciones de 2016, Pedro Sánchez se inventó un partido al que llamó “el Progreso”, que supuestamente había ganado las elecciones. Algo similar sucede con los referendos más vagos todavía que los sistemas electorales. Los referendos ofrecen sólo unas opciones que no ofrecen término medio ni terceras opciones y, para colmo, se consideran el máximo exponente de la voluntad popular, por lo que constituyen los máximos legitimizadores partitocráticos. Ejemplo de ello es el solicitado referéndum por la república.

Ese supuesto referéndum sólo dará dos opciones: república o monarquía. El iberista probablemente vote a una de las dos opciones a pesar de que sabe que está tan lejos de su dorado sueño como el primer día; el que desee una república federal o una unitaria se verá en la misma tesitura; el que quiera que todo permanezca relativamente tranquilo probablemente votará a la monarquía; el falangista o el franquista no sabrá a qué atenerse. Al carlista, puesto a decidir entre Guatemala o Guatepeor, sólo le quedará la abstención, a sabiendas de que no servirá para nada. De esta forma, las únicas opciones que tienen lugar son las que los partidos con el poder o influencia suficiente deciden mediante su absoluta y suprema voluntad.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

CLXX Aniversario del Padre Manjón

Hoy se cumple el 170º aniversario del nacimiento del Padre Manjón, motivo por el que reproducimos parcialmente el siguiente artículo de Francisco José Fernández de la Cigoña, aparecido en la revista Verbo, sobre la biografía de este gran pedagogo cristiano que fue nombrado hijo predilecto de Granada.

VIDA DE DON ANDRÉS MANJÓN Y MANJÓN, FUNDADOR DE LAS ESCUELAS DEL AVE MARÍA, POR UN MAESTRO DE DICHAS ESCUELAS *


D. Andrés Manjón y Manjón
(Sargentes, 1846 - Granada, 1823)
[...] Quiero hacerme eco de esta excelente biografía de una de las mayores glorias de la Iglesia, de la Pedagogía y de España en los siglos XIX y XX.

La figura de Andrés Manjón (Sargentes, Burgos, 1846 - Granada, 1923) es tan colosal que cualquier ocasión es buena para referirnos a él y de todo corazón recomiendo la lectura de cualquier biografía suya que sin duda será de aprovechamiento espiritual, bien la que estamos comentando, escrita por un íntimo colaborador del canónigo sacromontino que, siguiendo el ejemplo de humildad de su maestro, oculta su nombre, bien la más reciente de Fray Valentín de la Cruz, o cualquiera otra que haya aparecido o pueda aparecer sobre el insigne pedagogo que bien puede ser comparado, sin desmerecimiento alguno, con San Juan Bosco.

[...] Cursados sus estudios eclesiásticos en Burgos y Valladolid y los de Derecho en esta última Universidad, pospuso la ordenación sacerdotal para dedicarse a la enseñanza. Catedrático de Santiago y Granada, siempre integérrimo católico, en esta última ciudad decidió por fin recibir el sacramento del Orden.

A partir de entonces, su vida, hasta el momento acrisolada, adquirió los rasgos de la verdadera santidad. Fue un sacerdote ejemplar tanto en su canonjía del Sacro-Monte como en su cátedra de la Facultad de Derecho, pero su gloria inmarcesible fueron las Escuelas del Ave-María, en las que recogió a miles y miles de niños necesitados. Granada quedó como sitiada por escuelas limpias, alegres, modernas, donde gitanillos o "castellanos", todos pobres o pobrísimos, aprendían a amar a Dios y a España, a leer y a escribir, y hasta a comer y vestir, porque había un santo sacerdote que todo lo conseguía y todo lo daba. Instrucción, educación, comida, ropa y, sobre todo, amor.

Y lo de Granada se extendió por toda España. [...] Y los obispos, y los maestros y todo el mundo le felicitaba. Y él se quitaba importancia, como si nada hubiera hecho.

Sacerdote enamorado del Santísimo, de la Virgen y de los niños, su obra fue ingente. Tan ingente que todos se la reconocían, menos él mismo. Cuando murió, con honores de capitán general con mando en plaza, era hijo predilecto de Granada y de la provincia de Burgos, caballero de la Orden de Carlos III, Consejero de Instrucción Pública, Gran Cruz de Alfonso XII... y seguía paseando su sotana y su manteo raídos y desteñidos por los soles y las lluvias por su colegiata sacromontina, por la Facultad de Derecho y por sus amadísimas Escuelas del Ave-María.

Sacerdote de oración y penitencias, antiliberal y patriota, humilde y caritativo hasta extremos inverosímiles, pedagogo eximio, bien podemos decir de él lo que pocos años después aplicara Eugenio Montes al Canciller Dollfuss: murió en olor de santidad, como los santos, y en olor de multitud, como los héroes.

Toda Granada, autoridades y gitanos, ricos y pobres, clérigos y laicos, subieron al Sacro-Monte para recoger el cadáver que fue llevado al Ayuntamiento, la Universidad y la Catedral para regresar después a la iglesia de sus Escuelas, confundidos el Arzobispo con el Capitán general, el Rector de la Universidad con el Gobernador civil, el aristócrata con el gitano, el rico con el pobre. Todas las campanas de la ciudad tocaban a muerto. En todos los ojos brillaban las lágrimas. Los sacerdotes se turnaban, agotados, para tocar en el cadáver objetos piadosos: rosarios, medallas, cruces, estampas..., calculándose que pasaron de cien mil los que se acercaron al cuerpo de don Andrés. [...]

FRANCISCO JOSÉ FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA

Extraído de http://www.fundacionspeiro.org/verbo.html

* La obra biográfica en cuestión puede descargarse en los siguientes enlaces:

DON ANDRÉS MANJÓN: SU VIDA Y SU OBRA I
DON ANDRÉS MANJÓN: SU VIDA Y SU OBRA II

lunes, 14 de noviembre de 2016

Benedicto Torralba de Damas: Escritor granadino y mártir de la Tradición

Benedicto Torralba de Damas (1899-1936)
Benedicto Torralba de Damas fue un abogado y escritor español nacido en Salobreña (Granada) el 10 de septiembre de 1899 y asesinado por los rojos en las cercanías de Ponts (Lérida) el 14 de noviembre de 1936.

Cursó sus primeros estudios en Navas de San Juan, donde su padre tenía acreditada notaría; los primeros años de bachillerato, en Ubeda; los últimos, en el colegio de la Compañía de Jesús, de Gijón, y aprobó la carrera de Derecho en Madrid, haciendo los estudios por correspondencia y examinándose en la capital de España. En Granada estudió, con gran provecho, Filosofía y Letras.

Torralba de Damas fue, por encima de todo, escritor. Como poeta ha dejado Las Infantinas, poema inspiradísimo; la comedia carlista Más leal que galante, e infinidad de sonetos, romances, odas, epitalamios y toda suerte de versos, distribuidos por las revistas y diarios de España. Como novelista obtuvo un premio con su obra En los nidos de antaño. Publicó, además, El legado; La ruina de una casa noble; El idilio inacabado y Filosofía del toreo, y gran número de cuentos y artículos, aparecidos en su mayoría —en los últimos años— en la revista católica de Barcelona La Familia, de la que era redactor jefe.

Fundó y dirigió, por mandato de altas jerarquías eclesiásticas, la lujosa revista de la Exposición Misional Española (1928-1930). También fundó y dirigió el semanario de lucha tradicionalista Don Fantasma, cuya publicación fue prohibida por el Gobierno de la Generalidad de Cataluña. Fue asimismo el fundador de otro semanario tradicionalista, sucesor del anterior, titulado Guirigay. Colaboró en Reacción y en otras publicaciones de carácter político.

Era orador de fácil y brillante palabra. Sus conferencias contra la blasfemia, pronunciadas en Tarrasa y otras poblaciones de la comarca, dejaron beneficiosa huella. En política actuó intensamente dentro del carlismo ocupando altos cargos, y al estallar el Alzamiento Nacional ejercía el de secretario general de la Comunión Tradicionalista en Cataluña, desde cuyo puesto había contribuido celosamente a la preparación de la Cruzada. Al producirse ésta se hallaba con su familia en el pueblecito pirenaico de Bor, desde donde intentó infructuosamente pasar a la zona nacional. Detenido por los carabineros rojos, junto con otros fugitivos, fue encarcelado en Seo de Urgel, de cuya prisión fue arrancado violentamente el 14 de noviembre de 1936 para ser conducido a Lérida en unión de otros compañeros de cautiverio. Ninguno de ellos llegó a su destino, suponiéndose fueron fusilados en las cercanías de Pons.

Extraído en su mayor parte de su artículo en la Enciclopedia Espasa (suplemento 1936-1939, 1r tomo) escrito por quien fue su amigo Antonio Pérez de Olaguer

Banquete-homenaje a los señores Antonio Pérez de Olaguer Feliú (presidiendo la mesa, der.) y Benedicto Torralba de Damas (izq.) por el éxito obtenido por la obra de que son autores, «Más leal que galante». Fotografía tomada de El Siglo Futuro (17/12/1935)

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Carlos Calderón Vasco: Un carácter generoso

Tal día como hoy, en 1891, moría el valiente y patriota general carlista, caballero del Ideal, de quien quisimos que nuestro humilde círculo tradicionalista tomase el nombre.


Un carácter generoso 
«Con la muerte de tu hermano pierdo un amigo fiel, un servidor heroico, un compañero leal de los buenos como de los malos días, cuya nobleza de alma he podido apreciar en más de veinte años de trato continuo, y España pierde uno de los caracteres generosos, activos y emprendedores de que está tan necesitada.» 

Tal escribió Carlos VII a la Duquesa de la Unión de Cuba, en carta fechada en Venecia el 11 de noviembre de 1891, refiriéndose a don Carlos Calderón y Vasco, fallecido unos días antes. ¡Bien merecía los augustos elogios!

Nació en Granada el 13 de junio de 1845 en el seno de aristocrática familia. Renunciando a una brillante posición, ofreció en París sus servicios al Rey legítimo a raíz de la revolución de septiembre, quedando a las órdenes inmediatas de aquél con el empleo de Capitán.

Fue elegido diputado a Cortes en 1872; pero, al informarse del próximo alzamiento carlista, dimitió el cargo y trabajó activamente en la realización de empréstitos y adquisición de armas. El día 20 de septiembre del mismo año repasó la frontera a las órdenes del general Ollo, y poco después se distinguió por su arrojada bravura en Azpeitia, Monreal, Oñate, Eraul, Lecumberri, Estella, Dicastillo y Puente-la-Reina. En esta última acción ascendió a Teniente Coronel; ganó la faja de Brigadier en Lácar, en la que tomó tres veces a la bayoneta Monte-Esquinza, y conquistó el empleo de Mariscal de Campo en Montejurra.

Terminada la campaña fue a la emigración, llevando en su pecho tres cruces rojas del Mérito Militar, y siempre fiel a su Bandera y a su Abanderado entregó su alma a Dios en la capital de Francia [el 9 de noviembre de 1891].

El Cruzado Español (Madrid, 8 de noviembre de 1929)

Carlos Calderón de niño, fotografía cedida a este
cuaderno de bitácora por el Sr. Marqués de Jaureguizar

martes, 1 de noviembre de 2016

Tradiciones de grandes almacenes


                     

Ya se acaba otro Halloween, una fiesta en la que los niños se disfrazan y llaman de puerta en puerta para amenazar con jugarretas si no les entregan golosinas. Es el «truco o trato», que ha llegado a España desde Estados Unidos y ya es prácticamente una tradición… de grandes almacenes.

Hace ya meses, en uno de esos malos ratos que paso cuando tengo en la televisión un telediario, salió una sección dedicado a la metedura de pelo del «Toro de la Peña» en la que cambiaron el fuego de las astas del toro por unas bombillas LED. A raíz de la polémica que se creó a causa del Toro de la Peña, la sección aprovechó para hablar de tradiciones que habían cambiado con el objetivo (o eso decían ellos) de equilibrar tradición y respeto a los animales. El truco del Toro de la Peña no contentó a nadie, pero resulta que otros sí. Uno de esos fue cambiar una persecución por unos toros por unas grandes bolas de plástico que hacían rodar por una cuesta. En otra ocasión, cambiaron una captura de patos por una captura de huevos de plástico en el mar con regalos en su interior. Por supuesto, les encantó a los niños.
Todos esos cambios me produjeron una fuerte repulsa, pero lo que más me escandalizó fue el hecho de que en todos se impusieron productos manufacturados, por lo general de algún tipo de plástico; lo que choca con los elementos de cualquier tradición popular. Antes, todos los elementos de las tradiciones los daba la tierra, los paría un animal o los producía un artesano. Se trataba de algo al alcance relativo de cualquiera. Ahora no: todo es salido de una fábrica y hay que confiar en un agente externo para que tenga lugar una tradición. La actitud oficial parece que estuviera sacada de Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley: el sistema económico impone el odio a la naturaleza, pero con reservas (mientras venda).
Esto explica por qué también se ha impuesto el modelo anglo-sajón de la Navidad: ayuda al consumismo. Y no se sorprendan si en unos años aparecen, si es que no existen ya, grupos que quieran prohibir la Tomatina bajo la excusa de que se malgasta comida.
Lo malo de lo natural es que de ello sólo sacan provecho los ganaderos y agricultores, o al menos los que no llenan su ganado y su cosecha de hormonas y transgénicos. El Día de Todos los Santos no interesa, porque las flores no se fabrican en masa y los dulces tradicionales del Día de Todos los Santos se pueden hacer en casa. Halloween sí que da beneficios: disfraces, golosinas, decoración, películas de miedo… todo se puede hacer en masa en una fábrica.
El Día de Todos los Santos no genera consumismo, pero sí Halloween. Y ahora Halloween es una tradición, pero es una tradición productiva. Con ella, los difuntos, protagonistas del Día de Todos los Santos o del Día de Difuntos, pasan a segundo plano en beneficio del egoísmo personal y de la felicidad material, y la dependencia hacia los comercios es total.

miércoles, 12 de octubre de 2016

La Fiesta de la Raza



Nuestra Santa Madre la Iglesia, única Maestra infalible, proponiéndonos diariamente la consideración de las vidas gloriosas que realizaron los que declaró su sabiduría dignos del honor de los Altares, nos enseña lo conveniente que es la constante remembranza de los hechos dignos de loa. Y como pocos hay que puedan compararse con el que inmortalizó el día 12 de Octubre, festividad de Nuestra Se­ñora del Pilar, justo es que de esa fiesta [...] nos aprovechemos para estrechar los lazos que deben unirnos, ya que tanto empeño hay en romper esos fraternales vínculos, presentándonos separados y hasta en oposición.

El bendito IDEAL DE ESPAÑA, lo que forma la aspiración de su alma colectiva, comprende lo que llamó Vázquez de Mella los tres dogmas nacionales, y el tercero, complemento de los tres anteriores, cima y cúspide de ellos, es la Confederación tácita con los Estados hispanoamericanos: con esos Estados, sangre de nuestra sangre, huesos de nuestros huesos, vida de la vida española. Es indispensable llegar a constituir los Estados Unidos del Sur de América, que contrapesarían la acción sajona de los Estados Unidos del Norte. La cruz que llevó Colón al Nuevo Mundo no puede dejar de levantarse sobre todas las concupiscencias. Tiene que ser cada vez más y mejor ensalzada en la lengua que el gran Emperador Carlos V empleaba para hablar a Dios Nuestro Se­ñor y con su Madre.

Oportunísima es la celebración de la llamada Fiesta de la Raza. Como el Catecismo, debían aprender y repetir los escolares la gran hazaña del gran terciario franciscano, a quien Cavanilles apellida “el mayor de los bienhechores de la Humanidad”.

Repitamos las palabaras del mismo historiador:

“Una noche, el 11 de Octubre, a los setenta días de viaje, descubre Cotón desde el castillo de popa una luz a lo lejos; vuelve a observar... No había duda; llama a alguno de los suyos, a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del Rey, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, veedor de la Armada; uno la veía; otro, no; y Colón esperó adquirir más certidumbre antes de publicar su descubrimiento.

La gente estaba inquieta y alarmada; si anunciaba la tierra y desgraciadamente no lo era ¿qué dirían los suyos? Perderían por completo el ánimo, se declararían en abierta rebelión, y peligraría la empresa. Mas el almirante había sido el primero que descubrió la codiciada tierra: así debía ser y así fue.

A las dos horas después de media noche pareció la tierra, de la cual estarían dos leguas; anuncióla primero Rodrigo, de Triana, marinero de la Pinta... Postrá­ronse todos, dieron gracias a Dios, y ¡quién podrá expresar el júbilo que inundaría el corazón del almirante! Este gran día fue el viernes, 12 de Octubre de 1492.”

[...] El descubrimiento, la colonización de América, fue empresa española y, por ende, católica. y monárquica, en servicio del Altar y del Trono. El mismo Colón lo declaró en su testamento, y un noble poeta español, a pesar de su liberalismo, hubo de reconocerlo así, proclamando, y precisamente a raíz del movimiento arteramente iniciado y protegido por nuestros seculares enemigos, que no será posible se rompan los fraternales, los filiales lazos que nos unen con los traídos por nosotros a las apacibles vías de la civilización. Hágase lo que se haga; intríguese lo que se intrigue, siémbrese la cizaña que se quiera, será una verdad axiomática la cantada por el simpático Conde de Haro, Duque de Frías:

“¡Españoles seréis, no americanos!
porque ahora y siempre el argonauta
                                               [osado,
que del mar arrostrare los furores,
al arrojar el áncora pesada
en las playas antípodas distantes,
verá la Cruz del Gólgota plantada
y escuchará la lengua de Cervantes.”


EL CONDE DE DOÑA-MARINA



EL CORREO ESPAÑOL (11 de octubre de 1917)

lunes, 19 de septiembre de 2016

La bandera inmaculada del Carlismo

La bandera inmaculada

No sé si ha sido Ramón y Cajal quien escribió que los cerebros mayores de cincuenta años son refractarios a recibir ideas nuevas.

Lo que sí puedo asegurar, por propia experiencia, es que sea por insuficiencia fisiológica, o por sobra de convicciones, no me entran en la cabeza ciertas tácticas y procedimientos políticos nuevos.

Así, por ejemplo, no acabo de entender por qué quieren silenciarse en vez de distinguirse, las relaciones entre la religión y la política.

Del mismo modo que no entiendo la novísima práctica que aconseja no hablar de aquello que especifica y distingue los infinitos grupos y grupillos que constituyen el actual archipiélago político.

Y no comprendo cómo pueden silenciarse las relaciones entre la religión y la política, porque aun pensadores tan alejados de nuestro campo como Proudhon, escribía así, en su Confesiones de un revolucionario: «Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas, tropezamos siempre con la teología».

Y Rousseau afirmaba «que jamás se fundó Estado ninguno sin que la Religión le sirviese de fundamento».

Y Voltaire observaba: «que allí donde hay una sociedad, la Religión es de todo punto necesaria».

Ahora bien: si la política es el arte de gobernar a los pueblos, mediante el régimen político más adecuado para que los ciudadanos encuentren el perfeccionamiento integral de la naturaleza humana, con relación al fin último, que es esencialmente teológico, síguese que en una política digna de este nombre, política y religión tienen que guardar estrecha e íntima relación, y aun trabazón, y no pueden silenciarse las relaciones substanciales existentes entre la religión y la política.

Por eso, Donoso Cortés una vez rotos los alambres de la jaula liberal que aprisionaban su poderoso ingenio, pudo escribir:

«Posee la verdad política el que conoce las leyes a que están sujetos los gobiernos; posee la verdad social el que conoce las leyes a que están sujetas las sociedades humanas; conoce estas leyes el que conoce a Dios; conoce a Dios el que oye lo que Él afirma de sí, y cree lo mismo que oye. La Teología es la ciencia que tiene por objeto estas afirmaciones. De donde se sigue que toda afirmación relativa a la sociedad o al gobierno supone una afirmación relativa a Dios, o lo que es lo mismo, que toda verdad política o social se convierte forzosamente en una verdad teológica.» 

Por tanto, nosotros nos explicamos, que ciertos partidos políticos traten de encerrar y silenciar su teología porque no es la teología católica, sino un conjunto de errores.

Pero nosotros no. Nosotros somos una Comunión política informada por la teología católica en toda su integridad. Nuestros dogmas y afirmaciones teológicas, éticas, jurídicas, políticas, económicas y sociales, toman su substancia sin quitar ni añadir una tilde, de las enseñanzas de la Iglesia, y esto en lo fundamental, como tesis, no como hipótesis.

Precisamente eso explica el milagro histórico de que nuestra Comunión, después de un siglo de persecuciones, de luchas, de ostracismo y con períodos de muerte aparente, viva y resurja en aquellos momentos de diluvio universal, donde no hay otra salvación en el orden político que el arca de la Comunión Católica, Monárquico-Tradicionalista.


Por eso, ahora como siempre, y aún más que nunca, cuando tantos elementos nuevos vienen a nuestras filas (y bienvenidos sean para que por la influencia de ideas antes profesadas y aun de completa buena fe, no surja un neo-tradicionalismo incompatible con nuestro antiliberalismo secular), debemos dar al aire nuestra bandera limpia, inmaculada, cevando a Dios como primera palabra de nuestra gloriosa trilogía.

Dios, que es decir Cristo, Rey y Señor nuestro, reinando, venciendo e imperando, en los individuos, familias, leyes, gobierno y Nación.

Y los partidos que no quieran admitir este reinado, nos encontrarán hoy como ayer, y mañana como hoy, frente a ellos, aunque con ellos nos aliemos circunstancialmente para fines determinados.

Cien años llevamos combatiendo las libertades de perdición, los liberalismos mansos o fieros, llámense monárquicos, republicanos, dictatoriales, democráticos mejor o peor bautizados, socialistas, comunistas, fascistas, etc., y seguiremos lo mismo porque creemos que si el catolicismo no informa la sociedad, no informa la política, España irá a la barbarie, desapareciendo la que fue la más gloriosa Nación del mundo.

Respecto a callar, lo que nos especifica y distingue de otros partidos políticos, jamás lo haremos y menos en estos tiempos de confusionismo.

Es moda hablar contra el demo-liberalismo. ¿Pero cuántos de éstos confiesan que la autoridad procede de Dios y únicamente de Dios?

Está muy en boga hablar de estado corporativo. ¿Pero estas corporaciones o gremios, tienen las notas específicas del gremio tradicional, o sea: religioso, profesional, cultural, económico, autárquico y con representación propia en concejos, diputaciones y cortes?

Se habla mucho de la tiranía demagógica, ¿pero es que es mejor y menos antiliberal la tiranía estatista, llámese socialista, sindicalista o fascista?

Se habla mucho de indiferencia de formas de gobierno y quieren que se prescinda de la tradicional española: la monárquica, católica, templada, representativa, federativa y hereditaria.

Se acentúa cada vez más el separatismo suicida o antipatriota, o el Estatutismo sectario y centralista, ¿y no hemos de hablar de nuestro regionalismo autárquico, tan distante de los nacionalismos separatistas como de los Estatutismos cantonales o de los centralismos liberales democráticos, y estatistas?

No. Tenemos una bandera que es preciso llevar inmaculada al triunfo, o conservar inmaculada en el ostracismo. Y para ello jamás desconoceremos la bienhechora influencia de la religión católica en nuestro régimen político, ya que aquello es la forma substancial de éste; ni callaremos los infinitos matices que separan a la Comunión Católica, Monárquico-Tradicionalista de los grupos y grupillos que forman el actual archipiélago político español.

F. DE CONTRERAS

El Siglo Futuro (26 de abril de 1933)

viernes, 9 de septiembre de 2016

El combate doctrinal del carlismo en los últimos tiempos

[A partir de la década de 1970] el tradicionalismo carlista hubo de enfrentarse a otro tipo de problemas (...) Como consecuencia del desarrollo económico de los años sesenta, la sociedad agraria tradicional acabó disgregándose; y la modernización social llevó a la secularización cultural y a la progresiva deslegitimización de la tradición católica, que fue erosionada de manera radical. A ello se unieron las repercusiones del Concilio Vaticano II, que fueron igualmente determinantes. Su contenido doctrinal —nuevo concepto de Iglesia y del papel de los laicos, nueva forma de ver la relación del catolicismo con la modernidad, declaración de libertad religiosa, etc.— deslegitimó la teología política tradicional. Como señaló el tradicionalista Miguel Ayuso:

«solamente a la crisis de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX no ha podido resistir el carlismo, porque no le afecta solo accidentalmente, sino que toca esencialmente a su soporte, que es la cosmovisión de la cristiandad».

El profesor Miguel Ayuso Torres

En ese contexto, se desarrollaron las obras de los últimos doctrinarios del tradicionalismo carlista: Rafael Gambra Ciudad y Francisco Elías de Tejada. El «socialismo autogestionario» [del mal llamado Partido Carlista] careció de doctrinarios; fue tan sólo una veleidad oportunista, que rompía, de hecho, con la trayectoria histórica del legitimismo español.

El pensamiento de Rafael Gambra fue fundamentalmente tomista, si bien estuvo influido por Henri Bergson y por la reacción antirracionalista y antipositivista representada por Albert Camus y Antoine de Saint-Exupéry, Gustave Thibon, etc. Desde sus primeros escritos se mostró adverso al falangismo, y sobre todo, a las tendencias democristianas, que asociaba con el modernismo. Igualmente, rechazó el nacionalismo integral de Charles Maurras, por su tendencia secular; a su modo de ver, era «un tradicionalismo de izquierdas».

Su enemigo fundamental fue, sin embargo, el progresivo aggiornamento de la Iglesia católica, cristalizado en el contenido del Vaticano II; y que concluiría en las leyes de libertad religiosa del franquismo. Contra ello, publicó su libro La unidad religiosa y el derrotismo católico, en defensa de la unidad católica y la confesionalidad del Estado español. Su doctrina política era básicamente una renovación de los supuestos de Vázquez de Mella. Gambra concibe la vida humana, no como autorrealización o liberación de trabas, sino como entrega o compromiso e intercambio con algo superior que se asimila espiritualmente. Ligado a esto se encuentra la concepción de la sociedad como una organización en el espacio y en el tiempo. La sociedad es una proyección de las potencialidades humanas, incluida la individualidad; y que tiene igualmente una fundamentación religiosa, ya que sus orígenes se encuentran en unas creencias y en una cosmovisión colectivas. Si el hombre es un compuesto de alma y cuerpo llamado por la gracia al orden sobrenatural y, por otra parte, la sociedad emerge como eclosión de la misma naturaleza humana, también la de un poder en alguna manera santo y sagrado, es decir, elevado sobre el orden puramente natural de las convenciones o de la técnica de los hombres.

Rafael Gambra Ciudad (Madrid, 1920-2004)

A partir de tales planteamientos, Gambra defiende una concepción organicista de la sociedad y el régimen monárquico tradicional y federativo. El principio representativo se encuentra encarnado en la corporación. El proceso federativo consiste en la progresiva superposición y espiritualización de los vínculos unitarios, contrapunto del Estado liberal o de la nación sacralizada de los fascismos y de los separatismos nacionalistas. El federalismo es, según Gambra, algo radicado en la misma historia de España, porque en su seno perviven y coexisten  en su superposición mutua regiones de carácter étnico, como la vasca; gegráficas, como la riojana; políticas, como la aragonesa o la Navarra. El vínculo superior que las une es la catolicidad y la Monarquía. A partir de tales supuestos, Gambra criticó, en su obra Tradición o mimetismo, el centralismo franquista, lo mismo que su aceptación de los principios laicistas y tecnocráticos, sintetizados en su reconocimiento de la libertad religiosa.

(...)

La tradición política española se manifiesta, para Elías de Tejada, en dos cuestiones fundamentales: la concepción católica de la vida y la Monarquía federativa de «las Españas». En su opinión, la causa diferenciadora de las comunidades políticas no la constituye ningún factor físico, ni la raza, ni la lengua, ni la cultura, ni el espíritu, ni motivos psicológicos; esta causa diferenciadora radica en la tradición y en la nación. Las comunidades políticas tienen una finalidad que cumplir en la historia. Por nación se entiende aquella nota característica de un pueblo a lo largo de un periodo de la Historia. La tradición es el sustrato que cada uno de esos períodos deja, el alma de las gentes forjadas en el fraguar de esas empresas colectivas.

Francisco Elías de Tejada y Spínola (Madrid, 1917-1978)

Para Elías de Tejada, la tradición política española se forja durante la Edad Media, con la Reconquista, y alcanza su punto culminante en el reinado de Felipe II. España se forja en el catolicismo y considera esencial a esa identidad el «federalismo histórico»:

«el federalismo de nuestra tradicional monarquía orgánica, hija de la historia y de las necesidades nacionales, españolísima y foral, magnífica y patriota; es la organización clásica de los fueros». 

(...) Así, pues, los tres conceptos principales de la tradición española son la religión católica, cuya traducción política se plasma en la unidad católica; la Monarquía federativa y misionera; y los fueros, «conjunto de normas peculiares por las que se rige cada uno de los pueblos españoles basados en la concepción del hombre como ser concreto histórico».


* Tomado de El Régimen de Franco: 5. La crisis del tradicionalismo carlista: Rafael Gambra, Francisco Elías de Tejada, por Pedro Carlos González Cuevas, en  Historia del pensamiento político español. Del Renacimiento a nuestros días, pp. 453-456 (varios autores, 2016). El libro en conjunto no es nada favorable al Tradicionalismo, lo que añade mérito al testimonio que arriba reproducimos, en el sentido de reconocer el verdadero Carlismo y sus más importantes (que no únicos) pensadores de la segunda mitad del siglo XX, aunque los llame «doctrinarios» y quiera hacerlos «los últimos».

domingo, 4 de septiembre de 2016

Emilio Ruiz Muñoz «Fabio»

Tal día como hoy, hace exactamente 80 años, era brutalmente asesinado por los rojos el célebre Fabio, redactor andaluz del diario EL SIGLO FUTURO, antiguo periódico integrista fundado por Ramón Nocedal que se convertiría en el órgano de la Comunión Tradicionalista durante la Segunda República. Transcribimos a continuación el artículo que en 1942 le dedicara su compañero Chafarote en El Alcázar, que fue reproducido por El Pan del Rosario y La Avalancha:


Emilio Ruiz Muñoz «Fabio»
Nuestro ilustre colaborador Chafarote dedicó en LA AVALANCHA unos interesantes artículos al ejemplar sacerdote M. I. Sr. D. Emilio Ruiz Muñoz, horriblemente martirizado por los rojos en Madrid, en el mes de septiembre del año 1936.

El último número de «El Pan del Rosario», piadosa revista que fundó el señor Ruiz Muñoz, le dedica el siguiente artículo con el título «Del martirio de nuestro fundador», que leerán con emoción nuestros amigos que mucho admiraban al insigne sacerdote.

«En mayo de 1939 llegaba a nosotros la triste nueva del asesinato por las hordas marxistas de nuestro respetable y querido fundador y director el M. I. Sr. D. Emilio Ruiz Muñoz, canónigo archivero de esta S. I. C, y en nuestro número de junio siguiente, el culto beneficiado, también de esta S. I. C., don Cándido Rodríguez Martín, íntimo amigo del martirizado, dedicaba sentido y bien escrito artículo necrológico a la memoria del señor Ruiz Muñoz.

Llegó nuestra modesta publicación a manos de un ilustre purpurado Príncipe de la Iglesia, el Emmo. Cardenal Segura, que sentía gran predilección de antiguo por el ilustre canónigo de Málaga, a quien dispensó su protección de manera decidida y manifiesta, y escribió laudatoria carta al señor Rodríguez Martín elogiando su artículo, si bien lamentando que no se hubieran indagado datos de tamaño asesinato.

Hicimos averiguaciones que, si bien al principio resultaron infructuosas, hace un par de meses, un buen amigo del señor Ruiz Muñoz y nuestro, que reside en Madrid, prometió facilitarlos, envíándonos hace unos días el diario «Alcázar», fecha 1 de septiembre, en el que el notabilísimo periodista católico don Juan Marín del Campo, compañero en «El Siglo Futuro» de nuestro fundador, le dedica, con motivo del aniversario, sentida e informativa necrología, que a continuación reproducimos.

Dice así el diario «Alcázar»:

«Para los antiguos amigos o admiradores del muy ilustre señor don Emilio Ruiz Muñoz (a) «Fabio», anunciamos hoy el funeral que en sufragio de este mártir insigne se celebrará el venidero viernes (día 4 de los corrientes) a las nueve de la mañana, en la capilla de las religiosas de Cristo Rey, colegio sito en la calle de Jordán, junto a la plaza de Olavide.

Nuestro inolvidable amigo era sacerdote y canónigo archivero (por oposición) de la catedral de Málaga y académico de la Historia; gran humanista, gran tomista, literato, poeta y fecundísimo escritor, gentil traductor de uno de los libros más clásicos del Renacimiento, el libro del clásico Alvar Gómez sobre el cardenal Cisneros (De rebus gestis). Y era sociólogo tan profundo, que por orden a miento de Su Santidad, estuvo encargado de la sección sociológica de «El Siglo Futuro» durante más de veinte años seguidos, para lo cual, el nuncio Ragonesi, en nombre del Papa, tuvo que dispensarle de la residencia. En Málaga fundó una revista popular, «El Pan del Rosario», por ser devotísimo del salterio de Nuestra Señora. Y por ser tan rosariano y tan tomista, era fervoroso terciario dominico, y todos los días rezaba, no ya una parte del rosario, sino el rosario entero. Era también capellán palatino, cargo con el que le honraron sin él pretenderlo y por recomendaciones que hizo el secretario de Alfonso XIII don Emilio Torres, que era sabedor de la ciencia, de la virtud y de la escasa fortuna de aquel varón ilustre, tan virtuoso y tan sabio.

El día 4 de septiembre de 1936, y después de haberle robado la copiosa biblioteca que tenía (la casa la saquearon luego) le apresaron los rojos y le llevaron a la horroroso checa del «Campesino», sita en el antiguo convento de las Salesas de la calle de San Bernardo, en donde cabalmente decía misa todos los días que no tenía que celebrarla en el Palacio Real. Allí le serraron los dos pies, allí le cortaron la lengua y allí finalmente le fusilaron. Pero antes de fusilarle y a pesar de tener serrados los dos píes y cortada la lengua, todavía tuvo alientos para hincarse valerosamente de rodillas, y con el pedazo de lengua que le quedaba (o quizá milagrosamente, ¡quién sabe!) dijo claramente esta confesión de fe:

¡Viva Cristo Rey, única verdad que existe en la tierra y en el cielo! 

Así lo declaró el propio asesino de «Fabío», Aquilino Férvoles, antes de ser éste fusilado por los nacionales después de la liberación, y así lo declaró el policía nacional señor Palacios, que en la referida checa del «Campesino» había sido compañero de prisión de nuestro mártir, pero que, más afortunado que él (de tejas para abajo), logró escaparse de la terrible checa.

Justa cosa es, por tanto, que en la referida capilla de Cristo Rey se celebren los funerales del que perpetuamente vivió y tan gloriosamente murió predicando y alabando y cantando la realeza de Jesucristo, qui est super omnia Deus, benedictus in saecula. Amen

J. M . DEL C. [Juan Marín del Campo]

LA AVALANCHA (Pamplona, 23 de enero de 1943)

viernes, 2 de septiembre de 2016

«¡Yo no disparo contra España!». Luis Huelín Vallejo, mártir de la Tradición

Tal día como hoy, 2 de septiembre, en 1936, era asesinado por los rojos el jefe del requeté malagueño, el joven Luis María Huelín Vallejo.


Luis Huelín, «de palabra fogosa y vibrante, que entusiasma a las gentes» —como diría su compañero José María Vallejo— había fundado la Agrupación Escolar Tradicionalista (AET) de Málaga y era jefe del Requeté.

De familia tradicionalista, sus dotes oratorias se apreciaron pronto. El 25 de julio de 1934, día de Santiago, los tradicionalistas malagueños realizaron diversos actos, según daba cuenta El Siglo Futuro. Por la tarde tuvo lugar una velada, durante el transcurso de la cual el joven Luis hizo uso de la palabra, en nombre del Requeté, en un admirable discurso que fue interrumpido constantemente por las ovaciones entusiásticas del público. En él hizo un llamamiento a todos los jóvenes, ya obreros o de otra clase diferente, a ingresar en las fuerzas de nuestra Comunión, de las que hizo un cumplido elogio, así como de la bandera gloriosa que defienden.

El 19 de marzo de 1935 se constituía en Málaga la Agrupación Escolar Tradicionalista en los locales de la Juventud Tradicionalista, siendo Luis Huelín nombrado presidente de la agrupación (véase nota de prensa).

Como muestra de su actividad propagandística en pro de los ideales de la gloriosa Comunión Tradicionalista, podemos contar que el domingo 14 de abril de 1935, salió de Málaga en viaje de propaganda, acompañado por el obrero Juan Luque, con el propósito de visitar varios pueblos y ultimar en ellos la organización de Juventud y de Sección Obrera de la Comunión (véase nota de prensa).

En julio de 1935, el presidente de la AET granadina, Jacinto Martín Rodríguez, al ser preguntado por la mejor AET de su distrito en una entrevista a El Siglo Futuro (periódico de mayor tirada de la Comunión Tradicionalista), contestaba:

La de Málaga, gracias a su insustituible presidente, Luis Huelín Vallejo. Este es un muchacho muy trabajador, entusiasta y competentísimo. En la A. E. T. malagueña funcionan admirablemente la sección deportiva, que tiene frecuentes y afortunados encuentros con otros equipos, y la Delegación de Cultura, que hace poco organizó una conferencia a cargo del catedrático don Feliciano González Ruiz.

Cuenta con más de 200 afiliados. Además, Huelín Vallejo, siguiendo las instrucciones que le di cuando me visitó, ha fundado una A. E. T. en Antequera, presidida por Ramírez Moreno, y muy pronto fundará otra en Ronda. Por ley de justicia he de destacar que estos éxitos corresponden a Huelín, pues sin él nada o muy poco hubiéramos logrado en la ciudad hermana y su provincia.

El 2 de septiembre de 1935, justo un año antes de su asesinato, el joven estudiante y requeté escribía el siguiente artículo, aparecido en las columnas de El Siglo Futuro, en el que narraba el encuentro de los requetés malagueños con los de Burriana, Reinosa y Gijón:

ESTANCIA DE LOS REQUETÉS DE BURRIANA Y REINOSA EN MÁLAGA

Málaga, 2 de septiembre de 1935
El domingo, a las diez y media de la mañana, procedentes del vecino pueblo de Antequera, llegaron a nuestro Centro los valientes requetés burrianenses, que tan famosos se van haciendo en su atrevida vuelta a España. 
Por no haber noticia alguna de su llegada, no había en ese momento ningún directivo en el Círculo: solamente se hallaban los simpáticos «Pelayos» celebrando sus ruidosas sesiones semanales, que recibieron a los expedicionarios con el consiguiente entusiasmo y alboroto.
Después de ser obsequiados y recorrer los diversos departamentos del Secretariado, marcharon en compañía del presidente de la A. E. T. a la Catedral a cumplir los deberes religiosos, admirando de paso la grandiosidad de la Basílica. 
Antes del almuerzo tuvieron un cambio de impresiones con dicho presidente de la A. E. T., con el jefe de los requetés y con el presidente de la Juventud.
La tarde la dedicaron a contemplar las bellezas de la capital y sus alrededores, pasando después a entrevistarse con la Directiva de la Comunión.
A la mañana siguiente, y estando ultimando los preparativos de la marcha, nos vimos agradablemente sorprendidos con la también inesperada llegada de los no menos animosos y entusiastas requetés de Gijón y Reinosa, procedentes de Almería.
Fue realmente emocionante el encuentro de estos muchachos, que con tanto cariño por la Idea van sembrando el espíritu de sacrificio, tan necesario para nuestra organización.
Fueron asimismo atendidos debidamente por los socios que en ese momento se hallaban en el Centro. Allí acordaron marchar reunidos, y acompañados por varios directivos y numerosos jóvenes, hasta la carretera de Cádiz, emprendiendo de nuevo la penosa marcha, que sólo el Ideal bien sentido puede hacer agradable. Varios vivas alusivos fueron el adiós a estos queridos compañeros, que en su breve estancia en ésta han sabido de tal manera captarse nuestras simpatías.
Luis Huelín

Cabecera del diario tradicionalista de Málaga: Boinas Rojas (1937)

Al producirse el Movimiento Nacional del 18 de julio de 1936, los requetés de Málaga lo tenían todo preparado. Su misión inicial era ocupar el Ayuntamiento, Correos y Telégrafos. Luis Huelín actuó como enlace en los trabajos preparatorios entre Gra­nada y Málaga. Estuvieron esperando la orden de los mandos militares, pero la orden no llegó, así es que, dueños los rojos de la ciudad, vino la dispersión y cada uno hizo lo que pudo por su cuenta.

Luis se hospedó en la fonda de Valeriano Sanz, en Colmenar, según relata el libro República y Guerra Civil en la Axarquía. La mala fortuna quiso que el 25 de agosto los rojos registraran la casa, hallando en ella al joven requeté. El 2 de septiembre sería asesinado por negarse a disparar contra el ejército liberador de España.

Con motivo de su muerte, la publicación tradicionalista Boinas Rojas, de Málaga, dedicaba el siguiente artículo nuestro joven requeté, narrando su heroica muerte:

Hoy que los restos de Luis María Huelín Vallejo van a recibir cristiana sepultura en el panteón de su familia, en el cementerio de San Miguel de esta ciudad, queremos destacar el rasgo heroico que fue causa de su muerte.
Prisionero de los rojos, se hallaba en la mañana del 2 de septiembre del próximo pasado año en la avanzadilla del frente de Villanueva de Cauche, cuando los nuestros atacaron aquella posición.
Los milicianos que la guarnecían intentaron defenderla, y el jefe que los mandaba llamó a Luis y, entregándole un fusil, le ordenó hiciera fuego contra los soldados que avanzaban por la carretera de Antequera.
Luisito (era un muchacho de cara aniñada que acababa de cumplir los diecinueve años) no dudó ni un momento; miró a los nacionales, que se acercaban, y arrojando lejos de sí el fusil, gritó: «¡Yo no disparo contra España!»
Instantes después caía al suelo herido de dos balazos que le dispararon los rojos y moría como más de una vez había dicho a sus íntimos que deseaba morir: gritando ¡Viva Cristo Rey! y besando la medalla de congregante de la Santísima Virgen y de San Luis Gonzaga.
¡Hermosa y cristiana muerte, que nos complacemos en presentar, como modelo digno de ser imitado, a todos los malagueños, y de un modo especial a los amigos y compañeros del heroico Luis Huelín! 
Reproducido por La Guinea Española (27/06/1937)

Un hermano de Luis, Guillermo María Huelín Vallejo, luchó valientemente como requeté desde que se liberó Málaga. Después se hizo Alférez provisional de infantería, y en la primavera de 1938 murió en las filas del Tercio Virgen de las Nieves. Siempre llevaba en sus bolsillos una tarjeta postal de aquel célebre dibujo de «Ante Dios nunca serás héroe anónimo», y en ella había escrito: «¡Viva la muerte pensando en Dios y en la Pa­tria! ¡Viva el Requete! ¡España por Santa María!».

Calle Alférez Huelín Vallejo en Málaga
imagen tomada de http://mosaicosdemalaga.blogspot.com.es/

miércoles, 31 de agosto de 2016

Vergarismo

Tal día como hoy, 31 de agosto, en 1839, se consumaba la traición de Maroto en Vergara. El vergarismo, término acuñado por Pablo López Castellote en la revista Cristiandad, había existido antes en nuestra patria y seguiría existiendo después, con tan funestas consecuencias. El artículo que reproducimos de López Castellote en 1957 es realmente premonitorio del nuevo vergarismo que se produciría en 1978, que ha acabado por devastar la España católica contra la que no pudieron las bombas y arsenales de Napoleón y de Stalin.


VERGARISMO

Nadie se moleste en buscar la palabra que encabeza estas líneas en ningún diccionario, porque, de seguro, no la hallará. Mas no por eso podrá nadie negar el derecho que me asiste a usar del privilegio de los "ismos", tan generalizado hoy, para formar la exótica palabra.

Y digo exótica no tanto por el engendro mismo que resulta de la adición del tan traído y llevado sufijo a la otra palabra, cuanto por esa otra palabra: Vergara. Porque "Vergara", que en un tiempo dijo mucho a muchos españoles, hoy, desgraciadamente, apenas dice nada a nadie.

Vergara fue el fin de la primera guerra carlista, fue la primera unificación oficial entre aquellas dos Españas de que nos habla Menéndez Pidal, fue el efusivo abrazo que ahogó en una "dichosa paz" los generosos intentos de un pueblo, fue la pincelada que impermeabilizó a la historia contemporánea española contra la "borrascosa" religiosidad de los "serviles".

Por eso resulta exótico traer a colación tal nombre con tal sufijo; porque Vergara ha sido siempre considerado como un hecho muy concreto, del cual apenas merece la pena acordarse, si no es para glorificarlo como pacífico fin de un cruento fratricidio. Y para expresar esto ya tenemos muchos otros términos más usados y más modernos.

Pero si aquí, en vez de "Vergara" decimos "vergarismo", es porque lo que allí sucedió lo consideramos más como una táctica que como un hecho, y porque ese nombre, considerado como táctica, derrama mucha luz sobre toda la historia contemporánea de España.

Vergarismo fue la Ilustración del siglo XVIII que, en nombre del progreso, nos llevó a pactar con la Revolución y a hundir los restos de nuestra escuadra en Gibraltar defendiendo a la diosa Razón. Vergarismo también el afrancesamiento que, con el velo de la "oportunidad", y de la "resignación" ante los hechos consumados, y de la "conveniencia" del oreo, se avino no sólo a pactar, sino a servir a la Revolución personificada en José Bonaparte. También el patriotismo de las Cortes de Cádiz fue en definitiva vergarismo, porque, mientras la mayoría de los españoles derramaban su sangre por Dios, por la Patria y por su Rey, ellas se abrazaban con los principios de la Revolución, hasta implantar en nuestra patria una Constitución calcada sobre la primera que tuvo la nación vecina.


Vergarismo fue también, a pesar de toda la historiografía liberal, la llamada "ominosa década", pues basta leer las "Memorias del Alcalde de Roa", un pobre hombre del pueblo, para darse cuenta de que en esa década no fueron los liberales los "mártires" —como siempre se ha dicho—, sino el pueblo de la guerra carlista y del desengaño de Vergara; y esto porque la Corte de Fernando VII fue centro del más avanzado vergarismo —del que no entendía el pueblo—; vergarismo que se realizó bajo la égida del "Deseado" con la comunión de despotismo ilustrado, afrancesamiento, constitucionalismo al estilo de la "Carta" francesa, absolutismo personal, liberalismo y masonería. Todo lo cual desembocó en la monarquía liberal, cuyos orígenes no son tan claros como han supuesto la mayoría de los historiadores. Basta para darse cuenta de ello ojear las obras de Suárez Verdaguer.

Mas ni el siglo XVIII, ni las Cortes de Cádiz, ni el fernandismo, ni la tramoya de la instauración isabelina pudieron acabar con la santa intransigencia de un pueblo que sólo con dolosos abrazos ha sido reducido a silencio.

Por eso, cuando consumada ya la división entre los españoles por la cuestión dinástica, apareció, con el matrimonio de Isabel II, una seria posibilidad de arreglo con el enlace de las dos ramas, como quería Balmes, el partido moderado propone un nuevo Vergara con la unificación de la "reina de los carlistas" y el "consorte de los isabelinos". El plan no fue aceptado, y se consumó el desgraciado matrimonio de la reina con su primo Francisco de Asís.

Y de tumbo en tumbo, y de debilidad en debilidad, se llegó al año 1868, en que la Revolución, sintiéndose ya con fuerzas suficientes, se atrevió a echar por la borda a su antigua aliada, la monarquía liberal. Después el caos.

Mas los "abrazados" de Vergara no habían muerto; y en medio del caos levantaron de nuevo su recia voz; fue la segunda guerra carlista, a la que dio la estocada mortal el sagaz Cánovas del Castillo con la Restauración del hijo de Isabel, que tantas esperanzas fallidas había de despertar en muchos corazones. Esta vez el vergarismo permitió que se levantase sobre todos los españoles el artículo 11 de la Constitución, y que fuesen regidos los destinos de España por masones públicamente conocidos.

Las consecuencias no podían ser otras que las del 14 de abril: La monarquía alfonsina acabó con el nuevo y espantoso abrazo entre el Conde de Romanones y Alcalá Zamora en casa del doctor Marañón. Con él se entregaba España a la II República, de tan tristes recuerdos para todos, porque con ese nombre está indisolublemente unido en horroroso abrazo el millón de muertos de la Cruzada.

Y no acabó todavía con la Cruzada el vergarismo. En nuestros días son muchos los que lo propugnan como única salvación de España. Y no sólo en el plano político, sino en el religioso, y no sólo en el plano social, sino en el individual, de modo que en cada español se realice un "abrazo de Vergara" entre las tendencias que le llevan a Dios y las que le llevan al diablo.

Así sin duda nos libraríamos de otro 14 de abril, porque para las nuevas circunstancias el 14 de abril quedaría muy atrás.

PABLO LÓPEZ CASTELLOTE


Nota: Rogamos a los habitantes de Vergara que perdonen el uso que del nombre hacemos, y que de ningún modo supone sentimientos menos amigables hacia ellos.

CRISTIANDAD (1/5/1957)

jueves, 25 de agosto de 2016

La prensa carlista en Buenos Aires

Artículo de Bernardo Lozier Almazán (Buenos Aires, Argentina), 
publicado en el nº 119 de El Babazorro, 
Boletín del Círculo Tradicionalista Cultural "San Prudencio" de Álava

Antecedentes históricos

Nuestra historia tiene su lejano comienzo cuando el muy voluble rey de España, Fernando VII, se dejó seducir por las ideas liberales que la revolución francesa había propagado por el mundo, mientras su hermano y legítimo heredero, Don Carlos María Isidro de Borbón Borbón Parma (1788-1855) acaudillaba el tradicionalismo español y católico.

Sabemos que aquella esperanza que el pueblo español había puesto en Don Carlos se vio abruptamente frustrada por Fernando VII, cuando quebró la legítima sucesión al Trono, mediante aquella desgraciada Pragmática que signara el 29 de marzo de 1830,escamoteándole arbitrariamente la corona a su augusto hermano, recordado como Carlos V, primero de la línea Carlista.

De tal manera, Fernando VII suscitó las tres sangrientas guerras (1833 a 1840, 1846 a 1849 y 1872 a 1876) emprendidas por los legitimistas en defensa de sus derechos dinásticos tan aviesamente usurpados y de las mejores tradiciones españolas y cristianas comprendidas en el trilema «Dios, Patria y Rey».

Guerra civil española de 1872-76 (tercera guerra carlista)
cuadro de Augusto Ferrer Dalmau
La última de aquellas guerras, recordada como la Tercera Guerra Carlista, concluyó el 27 de febrero de 1876, tras cuatro años de épica contienda, alternada por triunfos y derrotas, esperanzas y frustraciones, con la victoria liberal sobre las fuerzas legitimistas.

Durante el mes de febrero el Ejército carlista se había diezmado (1) a tal punto que Don Carlos María de los Dolores de Borbón Austria-Este, Carlos VII (1848-1909), a la sazón el carismático pretendiente de la línea legitimista, consideró que era inútil prolongar la guerra y determinó poner fin a la contienda.

Consecuentemente, aquel día 27, Don Carlos pasó revista a sus tropas por última vez en el pueblo navarro de Valcarlos bajo una persistente lluvia, que hacía más patética la triste circunstancia. Al amanecer del día siguiente, Carlos VII, acompañado por el príncipe Alfonso de Borbón-Dos Sicilias, Conde de Caserta, cruzó la frontera con Francia a los acordes de la Marcha Real encabezando el camino al exilio seguido por el resto del Ejército carlista.

Concluida aquella infortunada guerra, miles de carlistas debieron buscar refugio en otras partes del mundo, llevando consigo el nostálgico amor a su patria y a su Rey, con la confianza en un futuro victorioso puesto en la Divina Providencia.

Buenos Aires fue el destino de muchos de aquellos desterrados que arribaron paulatinamente a estas tierras confiados en la hospitalidad de sus hermanos de raza.

Resulta difícil -casi imposible- estimar la cantidad de carlistas llegados a Buenos Aires a partir de 1867, sin embargo la actividad política que emprendieron al servicio de sus ideales legitimistas nos permiten inferir una presencia significativa, según veremos seguidamente.

Si bien la vida política de Carlos VII, a partir del exilio, entró en un cono de sombra, supo conservar hasta el fin de sus días con inalterable dignidad su condición de monarca desterrado. No obstante nunca renunció a sus derechos dinásticos , reclamando siempre y conspirando en momentos propicios para urdir un alzamiento a su favor.

Fue por aquella época que Don Carlos emprendió un largo periplo por la América española, visitando la isla de Jamaica, Panamá, remontando el Pacífico hasta Perú, Chile y, cruzando por el estrecho de Magallanes, para arribar a Montevideo el 5 de agosto de 1887, donde fue recibido por gran cantidad de emigrados carlistas que lo acompañaron a la Iglesia Matriz para cantar el Salve y luego instalarse en el Hotel Oriente. Don Carlos permaneció varios días en la capital de la República Oriental del Uruguay siendo objeto de numerosos agasajos y demostraciones de simpatía.

Puerto de Buenos Aires (segunda mitad del siglo XIX)

En la madrugada del 9 de agosto hacía su arribo al muelle de Santa Catalina de la ciudad de Buenos Aires el vapor Saturno, conduciendo a bordo a Don Carlos VII acompañado de un pequeño séquito, integrado por su Secretario y Consejero don Francisco Martín de Melgar y Rodríguez Carmona, conde de Melgar, con Grandeza de España, el Oficial de órdenes teniente coronel José María de Orbe y Gaytan de Ayala, vizconde de Orbe y el teniente coronel, médico militar, con Clemente de Coma y Forgas, conde de Coma Prat.

A poco de amarrar, fue recibido a bordo del vapor por el rector del Seminario Conciliar, Pbro. José Saderra, el padre Chapo, superior de la Compañía de Jesús, y los señores Pedro de Iniesta y Urbano Valdés Pajares, excombatientes que habían luchado bajo su bandera, por Dios por la Patria y el Rey. La comitiva se encontró ante un personaje de elevada estatura, recia cabeza que lucía soberbia barba y ojos de penetrante mirada. Su señorío y porte marcial, uniformado de capitán general, le conferían un especial aire de autoridad que, sumado a una buena dosis de energía y excepcional manejo del diálogo, en su conjunto, configuraban su atrayente personalidad.

Una vez en tierra, saludado por unos quinientos carlistas españoles emigrados, Don Carlos tomó un carruaje de alquiler que, acompañado por sus asistentes, lo condujo hasta el Grand Hotel, ubicado en la esquina de las actuales calles Rivadavia y Florida. Poco después se dirigió caminando hasta la cercana Iglesia Catedral, donde fue saludado por el arzobispo de Buenos Aires, mientras el templo se veía invadido por gran cantidad de simpatizantes que, al enterarse de su presencia, acudían a cumplimentarlo. El resto del día lo dedicó a recorrer la ciudad y por la noche concurrió a una velada en el Teatro Colón para presenciar la opera La Gioconda de Ponchielli.

El diario La Nación de aquel día, luego de anunciar la llegada del ilustre visitante, exteriorizaba su preocupación por la presencia de Don Carlos VII, advirtiendo que

«los amigos y correligionarios del Duque de Madrid le harán agasajos que tengan por convenientes, sin olvidar los deberes que les impone su residencia en un país extranjero, y los que por una u otra causa, dentro de la misma familia española, no abriguen simpatías por el hombre, recordarán que su libertad para manifestar sus sentimientos termina donde empieza la de los primeros.» 

Carlos VII de España
De tal manera La Nación dejaba entrever la poca simpatía que le guardaba al ilustre visitante.

Pocos días después, invitado por don Leonardo Pereyra a su estancia “San Juan”, Carlos VII se trasladó a la misma en un tren especial, arribando el jueves 11, siempre acompañado por su séquito y un grupo de amigos, entre los que se encontraba el doctor Carlos Pellegrini, a la sazón, vicepresidente de la Nación. Al día siguiente, aprovechando la cercanía, visitó la flamante ciudad de La Plata, almorzando en la estancia del Gobernador de la provincia de Buenos Aires, don Máximo Paz, para luego regresar a la Capital Federal en horas de la noche.

Su permanencia en Buenos Aires estuvo alternada entre visitas a los distintos lugares de la ciudad y sus alrededores, carreras de caballos, y numerosos agasajos ofrecidos en su homenaje. Rescatamos de uno de aquellos discursos de bienvenida, las palabras del capellán de Santa Lucía, el padre Manuel Lamas, cuando en extensa alocución decía:

«Se bienvenido, Serenísimo Señor, a este país generoso, que sabe dar hospitalidad no solo a los afortunados extranjeros que le traen algún provecho material o moral, sino también a los proscriptos y desterrados como Vuestra Real Majestad, a los emigrados por la desgracia y la injustísima persecución, por haber defendido la Causa tres veces santa…» 

Sin duda, además de las expresiones de afecto, las palabras del padre Lamas se referían a la presencia de los carlistas refugiados en Buenos Aires.

Según relata el conde de Melgar, con motivo de un deseo personal, Don Carlos manifestó especial interés en visitar la ciudad de Córdoba, razón por la cual, el jueves 18 de agosto hacía su arribo a dicha capital de la provincia homónima.

De regreso en Buenos Aires, el ilustre visitante permaneció hasta el miércoles 24 de agosto, día en que se embarcó en el vapor Senegal con destino a Europa. El mismo día de su partida un grupo de exiliados carlistas le obsequió un álbum de fotografías con una dedicatoria, que define con notable claridad el ideario político y religioso que mantenían inalterables, transcurridos ya once años desde que finalizara la Tercera Guerra Carlista:

«Siendo católicos por convicción y españoles por nacimiento somos carlistas por consecuencia. Para nosotros, en el orden religioso, no hay más autoridad que el mismo Dios, ejercida en el mundo por el magisterio infalible de su Iglesia; ni en el orden político, reconocemos otra soberanía legítima que la de Usted tan dignamente representada.» (2) 

Don Carlos VII partió de Buenos Aires el 24 de agosto de 1887 llevándose un imborrable recuerdo de estas tierras que habían integrado el imperio español en América y dejando tras si a sus leales partidarios con la esperanza renovada de que algún día regresarían a su Patria haciendo flamear victoriosa la bandera de su legítimo Rey.

Poco después, Carlos VII le escribía al marqués de Valdespina una carta, fechada el 8 de octubre de 1887, en la que le refería las impresiones recogidas en Hispanoamérica, expresándole que

«en el Uruguay y la república Argentina la más inaudita prosperidad que registran nuestros tiempos, convierten el Paraná, el Plata y todas las grandes vías fluviales que surcan el país en verdaderos ríos de oro…» (3) 

La prensa carlista en Buenos Aires

Francisco de P. Oller
(Barcelona, 1860 - Buenos Aires, 1941)
Expiraba el siglo XIX, cuando en 1892 llegaba a Buenos Aires don Francisco de Paula Oller (4) influyente refugiado legitimista reconocido por Don Carlos como su representante en esta ciudad, que rápidamente lideró a los carlistas porteños haciendo que mantuvieran encendido su fervor por la causa de su Rey. Fue por ello que, en 1898, por iniciativa de Francisco de Paula Oller, se fundara una revista mensual con el emblemático nombre de El Legitimista Español (5) Publicación ilustrada de excelente impresión, cuyas páginas se nutrieron con la colaboración de los más destacados pensadores del tradicionalismo monárquico español, artículos referentes a la marcha del movimiento carlista en España y a la actividad política desarrollada en Buenos Aires por los refugiados.

Este mensuario, que llevaba como subtítulo «Periódico Carlista» en la nota de presentación de su primer número, decía entre otras cosas, que

«Cien mil voluntarios en armas defendieron del 72 al 76 la bandera de la legitimidad; vendidos, que no vencidos, no por esto cejó el Partido carlista en sus trabajos de organización y de propaganda, y hoy, fuerte como siempre […] se siente capaz de derribar, si a ello fuese requerido, instituciones usurpadoras y gobiernos traidores…» 

Indudablemente el belicoso tono de la presentación pone al descubierto la euforia triunfalista de los carlistas residentes en Buenos Aires. La edición de este medio periodístico al servicio de su causa también nos revela el elevado número de españoles desterrados. Tan importante fue la actividad desarrollada por los carlistas en Buenos Aires que dispusieron de una sede en plena city porteña, en cuya puerta de entrada exhibía un vistoso cartel que decía «Comisión de Propaganda Carlista». (6)

De más está decir que aquella actividad desarrollada por los carlistas en Buenos Aires suscitó una fuerte oposición de los disidentes españoles también radicados en ésta, cuyo órgano periodístico El Correo Español los combatió sin cuartel hasta su cierre ocurrido en 1905. En tal ocasión, El Legitimista Español publicó en sus páginas un irónico comentario titulado «El enterrador enterrado» en el que anunciaba festivamente que

«Dejó de existir, después de treinticuatro años de vida por lo general mal aprovechada, El Correo Español, de ésta Capital. Entre todos le matamos, y él solo se murió. ¡Gracias a Dios!» 

Muy concurridas fueron sus reuniones conmemorativas, especialmente las llevadas a cabo el día del onomástico del Rey, en las que hacían uso de la palabra los más distinguidos carlistas y simpatizantes de la causa, como lo fuera aquella celebrada el domingo 4 de noviembre de 1905 en la que, como invitado especial, pronunció un encendido discurso el eminente historiador argentino Rómulo D. Carbia (1885-1944), quien concluyó su brillante alocución manifestando que:

«Si hay algo que mueve mi espíritu rebelde siempre como la marejada oceánica, hacia vuestra causa, españoles carlistas, es, no hay duda, la cruz de vuestro programa, la legitimidad de vuestra bandera y la consecuencia que profesáis a vuestros ideales. […] Y bien carlistas; aunque extranjero en esta festividad de vuestro dogma, permitidme que deposite también, al igual vuestro, la flor fragante de mis reverencias a los pies de vuestro Rey; y que incline mi cabeza, que quiere mirar siempre de frente al sol de la Verdad, ante las reivindicaciones de vuestro programa político…» 

Aquella reunión fue comentada en la revista porteña Caras y Caretas, (7) destacando que

«los numerosos carlistas residentes en Buenos Aires celebraron el domingo los días de su rey Don Carlos, con una interesante fiesta realizada en los salones de El Legitimista Español. En el local, adornado con banderas americanas y españolas, se sirvió un lunch a la concurrencia. El representante de Don Carlos en América y a la vez presidente de la Comisión de Propaganda Carlista, señor Francisco de P. Oller, pronunció elocuentes frases en honor del pretendiente a la corona de España. Hablaron además el señor Rómulo D.Carbia y el doctor C. Goyena.» 

Reunión carlista comentada en la revista Caras y Caretas (véase aquí)

El Legitimista Español desarrolló su labor periodística durante catorce años, editándose su último número el 31 de enero de 1912, alcanzando 174 números.

Tres años después, en 1915, Francisco de Paula Oller, en su carácter de representante del príncipe D. Jaime de Borbón, por aquel entonces sucesor de Don Carlos VII, fundaba la revista España, órgano del partido jaimista en Buenos Aires, publicación esta de vida efímera. [nota nuestra: en realidad, la revista «España» se publicó hasta 1929 y desapareció debido a graves problemas de salud de Oller ese año (véase la siguiente nota de prensa) si bien creemos que se habría mantenido leal a Don Jaime solo hasta 1919 debido al mellismo de Oller]

Cabecera del periódico bonaerense El Requeté (1938-1943)

Los carlistas porteños, con algunas interrupciones, contaron con varias publicaciones nutridas en su amor por la causa legitimista, como lo fueron Boina Roja aparecida entre los años 1934 y 1936, el Boletín Tradicionalista, también fundada por Francisco de Paula Oller, editada por los años 1938 a 1940, seguida por El Requeté que, sin mención de sus editores, se difundió entre los años 1938 a 1943. A partir de la desaparición de esta publicación debieron pasar muchos años sin que el Carlismo contara con un medio de difusión, hasta que, desde el 10 de marzo de 1997, la Hermandad Tradicionalista Carlos VII (8) comenzara la edición de las Publicaciones de la Sociedad de Estudios Tradicionalistas Don Juan Vázquez de Mella y Cuadernos de Divulgación, difundiendo el ideal carlista y la doctrina de sus grandes pensadores. Esta publicación se editó hasta junio de 2001. Animada por el éxito alcanzado por esta publicación la Hermandad Carlos VII encaró la edición de una nueva revista de mejorada presentación, continuadora de la anterior, con el sugestivo nombre de Custodia de la Tradición Hispánica cuyo primer número se publicó en junio de 2002, con un mayor formato, tapa ilustrada a todo color y de mayor tirada. Al mismo tiempo la Hermandad continúa editando los Cuadernos de Divulgación que, como suplementos extraordinarios de la revista Custodia, están destinados a la difusión de trabajos de mayor envergadura.

Así, en apretada síntesis, relatamos las circunstancias históricas y políticas que originaron la aparición de una prensa carlista en el Río de la Plata, registrando seguidamente las distintas publicaciones que, a partir de El Legitimista Español, fundado en 1898 por don Francisco de Paula Oller, vienen difundiendo en nuestro medio los ideales de la monarquía legitimista española y los fundamentos de la verdadera tradición hispánica y católica.

Bernardo Lozier Almazán 

Notas 

1) Por aquella época, una vez concluidas las hostilidades en la región del Este, Alfonso (XII) concentró unos 150.000 hombres en el Norte, mientras que las fuerzas carlistas apenas sumaban 35.000 efectivos en la región vasconavarra agotadas económicamente. 
2) La dedicatoria estaba fechada en Buenos Aires el mismo 24 de agosto de 1887 y está registrada en el “Ramillete de Flores Republicanas ofrecido a Don Carlos en su reciente viaje a las Américas”, obra de Francisco de Paula Oller, páginas 326 y 327. 
3) Alférez, Gabriel.: Historia del Carlismo. Editorial Actas. Colección Hernando de Larramendi. Madrid, 1995, p.180. 
4) Diario La Nación. Número especial en el Centenario de la Proclamación de la Independencia. 1816 -9 de julio – 1916. “El periodismo español en la Argentina”, p.257 y 258. 
5) Roldán González, Enrique. Prensa Tradicionalista Carlista. Existente en la Hemeroteca Municipal de Sevilla. Recopilada e investigada por … Sevilla 1889. 
Lozier Almazán, Bernardo. Presencia Carlista en Buenos Aires. Buenos Aires, 2002, Editorial Santiago Apóstol, 87 páginas. 
6) El Legitimista Español tuvo su primera sede en la calle Tacuarí 83, hasta que en 1899 se trasladó a la calle San Martín 417, en 1901 a Reconquista 476 y por último desde 1902 en Belgrano 1658. 
7) Revista “Caras y Caretas”, año VIII, 11 de diciembre de 1905, N° 371. La nota está ilustrada con dos fotografías, una de ellas es un retrato de “Don Carlos, pretendiente a la corona de España”; la otra muestra a “Don Francisco de P. Oller, representante en Sud América de Don Carlos, y concurrentes a la fiesta”, según sus respectivos epígrafes. 
8) Fundada en Buenos Aires el 25 de julio de 1996, para estudiar y difundir el pensamiento Carlista y formar un movimiento de opinión acorde con su ideario socio político. [web y página de Facebook]

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